Nuestro texto de presentación

Esto es lo que leímos en nuestra primera edición de El Mango del Hacha, el 18 de Marzo del año 2000.

Después vamos a contar un poco que va a pasar hoy en El mango del Hacha que va a estar en FM Sensación hasta las 10 de la mañana informando, opinando y compartiendo la música que nos gusta.

Pero como este es el programa número 1 (como una especie de presentación obligada) queremos contarte el porqué, o mejor el para qué de este tiempo de radio que empieza hoy.

Vos te acordás de la famosa utopía, no es cierto? Serrat, que va a hacer hoy nuestro recital de la 2da hora de programa la usó muy poéticamente: dijo:  «la vida sin utopías sería un ensayo para la muerte» (la vimos pintada en alguna pared)

A nosotros no nos gusta particularmente esa palabra, nos da una idea de cosa inalcanzable. Desde su significado literal viene la cosa, desde los griegos, porque utopia  significa literalmente no-lugar,  significa justamente lugar que no existe.

Sea como sea, lo cierto es que la idea de un futuro distinto y mejor, esa perspectiva que inspiraba las luchas, que asomaba en los debates, en el trabajo cotidiano, en los discursos, esa perspectiva nunca pareció tan lejana como ahora,  nunca, como en estos tiempos, la idea de utopía se juntó tanto con ese sentido primitivo que tenía para los griegos, con esa idea de lugar que no existe, de lugar imposible.

Por estos tiempos, con la globalización (es nueva forma, esa palabra-disfraz para referirse al poder del imperialismo y de las multinacionales) , hoy, con la ideología del libre mercado que le abre todas las puertas al capital, con la sanata de una supuesta prosperidad para todos, los discursos, las mismas palabras parecen haberse adelgazado, parece difícil decir algo que tenga sentido, decir algo que sirva para algo.

En cada debate, en cada lucha que necesita de un punto de vista para desarrollarse -desde la lucha más chiquita para que no te despidan o por seguridad en el barrio, hasta la más grande por los derechos nacionales y la independencia como en Kosovo-  cuando hacen falta propuestas, aparecen claramente los límites que ponen una pared a las palabras capaces de postular un cambio; la realidad parece la Realidad con mayúsculas, imposible de ser modificada, definitivamente delineada por el poder de los capitales, de los misiles y de las mentiras repetidas y repetidas.  Toda la ideología, está teñida por la última contrarrevolución triunfante, leímos por ahí. y esa nos pareció una muy buena síntesis de lo que pasa.

Y hablábamos de los discursos adelgazados de este fin de siglo, de las palabras vaciadas de cualquier perspectiva de cambio,

Pero vos dirás: hablar se habla, cosas se dicen, poné cualquier noticiero y mirá a los políticos, a los opinadores.  Pero ocurre que algunos hablan para decir que no hay otra que aguantar las cosas como son, que este presente ES el futuro.

Otros dicen que hay que humanizar el capitalismo. Hay que reforzar el aspecto social, dicen, atender un poco a los pobres. Proponen poner algún parche aquí y otro allá,  porque para ellos que haya pobres es algo inevitable, casi un accidente natural, como un terremoto.

Y esto lo repiten desde el Vaticano y desde sus sucursales, lo repiten los políticos que quieren agarrar algunos votos, lo pregonan los defensores de  la indefinida tercera vía, lo dicen con cara de enojados los que se definen anti-neoliberales pero nunca se sabe a favor de qué están, y lo único que consiguen es mostrar claramente el agujero que se abre entre el capitalismo reinante y las necesidades de los que trabajan y de los que buscan trabajo, que no ven por ningún lado el prometido progreso del ahora omnipresente primer mundo.

Pero ese agujero que asusta, que desmoraliza y que silencia, es justamente la precondición del discurso.  Ese agujero demuestra la necesidad del discurso, la necesidad de hablar aunque entre el ruido, todo lo que digamos no parezca más que un susurro. 

El capitalismo ha demostrado muchas cosas, ha vencido muchos obstáculos, ha comprado, degenerado, maniatado y esterilizado luchas y revoluciones de todo tamaño, pero más que nada ha demostrado que sigue siendo capitalismo, que sigue provocando crisis y miseria, derroches provocados por una producción irracional, distribución cada vez más desigual de esa producción,   infelicidad, represión, sufrimiento.  El mercado se libera encadenando a los hombres, y como siempre, como durante toda la historia que mal que les pese a los propagandistas del capital no ha terminado, habrá que buscar la forma, habrá que delinear en un amplio diálogo social de luchas y palabras, la receta para romper las cadenas.

Nosotros queremos ser parte, desde la radio, queremos ayudar a encontrar ese discurso. Creemos que hace falta reconstituir espacios en los que se pueda tener un lugar en ese diálogo social, espacio para decir y para escuchar, para acordar y para disentir, para reconstruir esa cultura de los que estamos del otro lado del capital, esa conciencia de ser trabajadores, de ser los que estamos de la parte de abajo de la taba, esa conciencia que nosotros creemos que debe ser anticapitalista.

El mango del hacha, quiere ser radio hecha desde los trabajadores, para opinar y debatir todos los problemas del hombre en esta sociedad.  Se nos dirá que muchos programas pretenden ese perfil, lograr abordar todas las cuestiones de la política, de la cultura, de la vida.  Y seguramente es así.  Nuestra pretensión, la precisión de nuestro perfil, es que pretendemos hacerlo desde el punto de vista de los trabajadores, desde el punto de vista del que no festeja las glorias del capitalismo, sino que sufre el crecimiento de los mercados como desplazamiento de los mercados, la supuesta modernización como marginalización, el acceso al futuro como privación del futuro, la globalización integradora de los que ganan mucha plata como desintegración de sus proyectos individuales, el fin de la historia como el congelamiento desesperanzador de un presente no querido.

Desde el territorio de las palabras queremos ayudar a romper la inercia de una década durante la cual hablaron los vendedores de espejitos de colores, los que prometían el oro y el moro para la humanidad y dejaron al final un mundo más inmundo, un mundo que hay que ayudar a cambiar.

Esta es la presentación en sociedad, presentación en parte obligada, pero presentación que queríamos hacer para empezar este primer programa. 

 
 

(texto de presentación)